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Imagínate una situación donde no estés consumiendo ni utilizando nada que haya sido producido o que tenga una historia detrás. Seguramente sea difícil encontrar una situación así el día de hoy. Descartando la esporádica situación que seas nudista en una playa natural (sin toalla, móvil, crema solar, sombrero, joyas, calzado etc.) estamos consumiendo decenas de productos en todo momento desde que nacemos hasta que fallecemos.

 

Cada uno de estos miles de productos tiene una historia detrás, la famosa cadena de valor, que la mayoría de veces es mucho más compleja de lo que pensamos. Todos involucran mano de obra, mayor o menor uso de recursos y desechos que pueden contaminar. Lo que nos lleva a las consecuencias que ya ha ido sufriendo el planeta a lo largo del tiempo, pero que ahora es cada vez más alarmante y visible en nuestro día a día. Para dar solo algunos datos:

Consecuencia social:

Según diferentes estudios hay entre 210 y 300 millones de niños trabajando, la mitad en trabajos físicos forzosos y peligrosos. Entre 8 y 20 millones en situación de esclavitud. Algunos comienzan incluso a la edad de 3 años. Muchos de los productos que producen terminan siendo desechados sin ser utilizados.
Contaminación:

– Más del 30% de gases de efecto invernadero a nivel mundial están emitidos por la industria cárnica y la industria de transporte.

– La industria de la moda utiliza más del 25% de todos los pesticidas en el mundo, a parte de todos los tóxicos utilizados en la cadena de producción. Es una de las industrias que más contamina y que mayor explotación de personas conlleva.

– Más de la mitad de todo el plástico de la historia se ha producido después del año 2000. Por año, se producen 80.000 millones de toneladas. El 10%, unas 8.000 millones de toneladas, terminan esparcidas en la naturaleza cada año.

Recursos naturales:
– 24 millones de toneladas de tierra deja de se fértil cada año.
– ⅓ de la superficie terrestre está cubierta por la agroindustria. ⅓ de toda la comida en el mundo se desecha. Cada año, se pierden bosques del tamaño de la superficie de Panamá.
– 70% del agua fresca (dulce y en estado líquido) es destinada a la agroindustria.
– Entre 80 y 150 especies de animales desaparecen por día (datos de la ONU).
– Se matan 70.000 millones de animales por año para nuestro consumo. 10 veces la población mundial de humanos. La mayoría, muertes totalmente innecesarias.

A pesar de que el consumo sea una parte tan importante de nuestra vida, éste está basado en hábitos que, en el 40% de los casos, ni tan siquiera sabemos por qué los tenemos. Es decir, hábitos inculcados de pequeños por la familia o bien en la época adulta influenciados por la sociedad. El 90% de los hábitos son procesos repetitivos que nunca o muy rara vez nos cuestionamos si realmente deseamos que formen parte de nuestra vida, si éstos están alineados con nuestros valores, metas y deseos. Sí existen quizás otras alternativas más éticas y acordes a nuestra forma de vida.

En el ámbito del marketing y el emprendimiento, se dice que el consumidor no toma decisiones de consumo racionales y que nunca será un consumidor consciente (ni realmente responsable). Pero… ¿debemos aceptar esta afirmación? ¿Realmente no podemos tomar decisiones más racionales y conscientes, decisiones con las que nos identifiquemos, a la hora de consumir?

Yo creo profundamente que SÍ PODEMOS. Es cuestión de hacer pequeñas modificaciones en nuestro consumo diario. No se trata de un cambio radical de la noche a la mañana. Reflexionar, cuestionar(nos), informarnos de dónde viene aquello que estamos comprando y consumiendo. Hay suficiente comida, ropa y techo en el planeta para tod@s. Es hora de decidir en qué vale la pena gastar nuestro tiempo y recursos, qué queremos fomentar y qué productos no nos aportan mucho comparado con los efectos y consecuencias que causan.

El consumo ético representa un paraguas que cubre todos los conceptos relacionados con mejorar nuestro consumo (comercio justo, cero-residuos, consumo local, comercio directo, economía circular, producción ecológica…). Según la necesidad a cubrir, las posibilidades y los deseos te ayudan a elegir la opción más sostenible y ética.

Hacer cambios es mucho más fácil, interesante, sabroso y barato de lo que mucha gente piensa. Por eso, he decidido organizar una serie de talleres FLOR (Fairtrade Local, 0- residuos, Responsable) donde nos informamos, investigamos, tenemos degustaciones guiadas de chocolate, café, hacemos nuestros productos de limpieza y probamos cosméticos comestibles. Pero, por encima de todo, aprendemos a detectar nuestras necesidades básicas y a reconocer qué productos son más o menos éticos. Nuestro consumo básico será más barato, más simple y más sabroso.

Entre taller y taller, iremos instintivamente involucrando novedades, pequeños hábitos a través de pequeños desafíos que al final sumarán ¡y generarán un gran impacto!

Nos alegra poder invitaros al primer taller FLOR de consumo ético, titulado: El chocolate ético y el sabor de su origen – Degustación guiada.

Si quieres saber más, visita el evento en nuestra web.

¡No te pierdas el primer taller de FLOR Consumo Ético en Kubik!